viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Amistad?


Decir que el idealismo es más un defecto que una virtud es erróneo. El idealismo es un defecto, punto. Y este defecto (como todo el que se precie de serlo) me ha traído mas dolores de cabeza que otra cosa. Quizás este sea uno más, pero creo necesario escribir esto en estos tiempos en que al parecer las palabras valen menos que una golosina.

La amistad no es un juego. Si lo sé, suena estúpido. Parece una frase de sobrecito de azúcar. Pero hay mucha gente que aún hoy parece no entenderlo. La amistad es un compromiso. Y como tal, hay que honrarlo. Y a diferencia de un noviazgo o casamiento, este compromiso jamás es obligatorio. La amistad es esa promesa que un alma le hace a otro porque así lo siente.

Ahora bien ¿cómo se honra una amistad? ¿Acordándose del cumpleaños de la otra persona? Probablemente. ¿Diciéndole cosas lindas? Seguramente. Pero hay que entender de una vez que ni la buena memoria ni las palabras más dulces alcanzan si uno no “está” en la vida de su amigo. Así se honra una amistad, estando. Es casi seguro que todo aquel que lea esto automáticamente pensará “bien, entonces yo soy un buen amigo, porque estoy”. Bueno, entérense que no. “Estar” no es sentarse a esperar que un amigo nos necesite. “Estar” no es dar por hecho que ese amigo está bien si no se comunica con nosotros. “Estar” no es estar solo en las malas. Estar es estar todos los días. Es saludar apenas se tenga la oportunidad. Es tomarse el tiempo que dura escribir un sms para ver cómo está la otra persona. Es demostrarle el cariño que se siente por ella. Es buscar a esa persona más no sea para contarle que uno sonrió por haber visto una paloma. Estar es pensar, extrañar y necesitar a ese amigo. Eso es estar. Eso es una amistad. Acá, en China y en la Luna.

Tal vez alguien se pregunte “¿Cuál es la diferencia entre una amistad y el amor?” La respuesta es la más sencilla que se puede dar: ninguna. La amistad es el amor en estado puro. Tan simple como eso.

Entonces, “amigas” y “amigos” míos, si tienen miedo de perder su hombría por dar un abrazo o elogiar a alguien de su mismo sexo. Si no tienen los ovarios bien puestos para decirle “te quiero” o “te amo” a un amigo del sexo opuesto. Si prefieren sentarse a esperar un mensaje. Si les jode saber todos los días de él o ella o temen “molestarlo/a”. Si no tienen la voluntad de Estar, tengan a bien abstenerse de hablar de amistad. De gente que habla de cosas que no conoce ya está demasiado lleno este mundo.

FIN. (Texto propio. Escrito con bronca y mucha tristeza.)

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