Decir que el idealismo es más un
defecto que una virtud es erróneo. El idealismo es un defecto, punto. Y este
defecto (como todo el que se precie de serlo) me ha traído mas dolores de
cabeza que otra cosa. Quizás este sea uno más, pero creo necesario escribir
esto en estos tiempos en que al parecer las palabras valen menos que una
golosina.
La amistad no es un juego. Si lo
sé, suena estúpido. Parece una frase de sobrecito de azúcar. Pero hay mucha
gente que aún hoy parece no entenderlo. La amistad es un compromiso. Y como
tal, hay que honrarlo. Y a diferencia de un noviazgo o casamiento, este
compromiso jamás es obligatorio. La amistad es esa promesa que un alma le hace
a otro porque así lo siente.
Ahora bien ¿cómo se honra una
amistad? ¿Acordándose del cumpleaños de la otra persona? Probablemente. ¿Diciéndole
cosas lindas? Seguramente. Pero hay que entender de una vez que ni la buena
memoria ni las palabras más dulces alcanzan si uno no “está” en la vida de su
amigo. Así se honra una amistad, estando. Es casi seguro que todo aquel que lea
esto automáticamente pensará “bien, entonces yo soy un buen amigo, porque
estoy”. Bueno, entérense que no. “Estar” no es sentarse a esperar que un amigo
nos necesite. “Estar” no es dar por hecho que ese amigo está bien si no se
comunica con nosotros. “Estar” no es estar solo en las malas. Estar es estar
todos los días. Es saludar apenas se tenga la oportunidad. Es tomarse el tiempo
que dura escribir un sms para ver cómo está la otra persona. Es demostrarle el
cariño que se siente por ella. Es buscar a esa persona más no sea para contarle
que uno sonrió por haber visto una paloma. Estar es pensar, extrañar y
necesitar a ese amigo. Eso es estar. Eso es una amistad. Acá, en China y en la
Luna.
Tal vez alguien se pregunte
“¿Cuál es la diferencia entre una amistad y el amor?” La respuesta es la más
sencilla que se puede dar: ninguna. La amistad es el amor en estado puro. Tan
simple como eso.
Entonces, “amigas” y “amigos” míos,
si tienen miedo de perder su hombría por dar un abrazo o elogiar a alguien de su mismo
sexo. Si no tienen los ovarios bien puestos para decirle “te quiero” o “te amo”
a un amigo del sexo opuesto. Si prefieren sentarse a esperar un mensaje. Si les
jode saber todos los días de él o ella o temen “molestarlo/a”. Si no tienen la
voluntad de Estar, tengan a bien abstenerse de hablar de amistad. De gente que
habla de cosas que no conoce ya está demasiado lleno este mundo.
FIN. (Texto propio. Escrito con bronca y mucha tristeza.)
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