lunes, 29 de julio de 2013

[HISTORIA/01] – Parte III / Jack

Siente su pulso acelerarse. Sus ojos se abren completamente de forma automática, es casi instintivo. Pequeñas gotas de sudor recorren su nuca.
Permanece sentado en una silla medio mugrosa: dos, cinco, quince minutos. Media hora quizá ¿Cómo saberlo? La velocidad en la que corre el tiempo suele ser inversamente proporcional a la intensidad con la que late el corazón de una persona; o algo así dicen.
Cuando por fin despierta de su letargo, se dispone a pararse e intentar abrir la puerta que da al patio, siempre y cuando el terror no se apodere de él totalmente. Siempre y cuando sus fantasmas no lo envíen a una tumba temprana.
Las imágenes se suceden rápidamente en su cabeza, es cómo una película horrendamente editada, y dirigida por un amateur que debería ser condenado a filmar a Sebastián Estevanez de por vida.
Estira su brazo para agarrar el picaporte, pero un nuevo imprevisto lo detiene. Su pierna derecha vibra. “¿Pero que mier... un celular?” –Las palabras salen sin filtro por su boca, pone su pensamiento repentino en forma sonora. Se siente un idiota por no haber revisado sus bolsillos antes. Saca un Smartphone y lo mira fijamente. La pantalla reza “Número Desconocido”. Eso no es sorprendente en lo más mínimo. Lo que lo mantiene embobado mirando el aparato pseudo-inteligente sin reaccionar es el hecho de que no lo reconoce. “De algo estoy seguro, este celular no es mío” –Esta vez sólo es un pensamiento. Con su dedo pulgar, presiona el botón que simboliza un tubo de teléfono de color verde. Apoya el dispositivo en su oreja izquierda sin emitir sonido. Espera. Sigue esperando.
Súbitamente, una voz femenina, rocosa y fantasmagórica, lanza frases secas y rotundas: “Ni se te ocurra abrir esa puerta. Salí de la casa y corré. Nos encontramos bajo el árbol que florece en Agosto, en media hora”-Silencio.
Mira su mano. El celular se ha desvanecido.


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lunes, 22 de julio de 2013

[HISTORIA/01] - Parte II / Sirmolians

Logra recuperar el dominio sobre su cuerpo con mucho esfuerzo. Su estomago se retuerce entre el hambre y el asco. Se acerca al cuerpo semidesnudo y mutilado mas por curiosidad que por creer que podría entender que le sucedió a aquella muchacha. Alguien se había ensañado con ella y quizás hasta había disfrutado verla sufrir.
Y en ese momento se da cuenta. La calle está vacía. No se divisa ni una sola alma a varias cuadras. Apenas el canto de unos pájaros y el ladrido de unos perros evitan el completo silencio. Mas extraño aun, no se nota nada raro en los edificios. Ningún vidrio roto, ninguna pared caída, ni una sola señal de pelea o huída. Todo está como cualquier otro día.
Empieza a caminar sin saber adónde ir. El barrio le es totalmente desconocido. Se detiene en algunos locales y casas. Nadie a la vista. Ve la puerta de una casa entreabierta y entra. Todo normal. La ropa en su lugar, los muebles y electrodomésticos sin siquiera un rasguño.
Las preguntas se acumulan en su mente. ¿Cómo llegó ahí? ¿Por qué se siente como si hubiese sido apaleado? ¿Quién asesina de esa manera a una chica y la deja en un lugar donde cualquier persona puede verla? Y sobretodo ¿dónde está toda esa gente que tendría que haber visto el cadáver?
Decide quedarse en esa casa a descansar un poco. De repente, una sombra cruza de un lado a otro en el patio. Al parecer, después de todo no está tan solo como suponía…



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lunes, 15 de julio de 2013

[HISTORIA/01] – Parte I / Jack

Mientras logra ponerse de pie, siente como si la cabeza se le fuera a partir del dolor. La oscuridad es total. Entonces se da cuenta de que aún tiene los ojos cerrados. Haciendo un gran esfuerzo, los abre lentamente… todo es borroso, no puede hacer foco en ninguna parte. Agudiza el oído para intentar reconocer el lugar donde se encuentra, sin suerte alguna.
No muy lejos de donde está ubicado él, caen gotas en lo que parece ser un charco.
Evitando la caída, apoya su espalda en la pared. Toma conciencia de que está parado en el medio de un pasillo que se extiende para ambos lados. En los dos aparentes extremos del mismo parece haber algo de claridad. “Una salida de este lugar”-Piensa.
Sin dudarlo demasiado, encara para su derecha. Camina tambaleándose y usando las paredes de sostén para no resbalar y aterrizar de rodillas en el suelo húmedo. Finalmente, llega al extremo del pasillo y empuja una puerta de lata a medio pudrir, que no ofrece ningún tipo de resistencia. Una ceguera momentánea lo invade nuevamente, está vez causada por el sol que brilla suspendido en el horizonte frente a él.
Al recuperar la poca nitidez visual que tenía, baja la mirada y observa lo que allí yace.
Su cuerpo entero se congela, no puede mover un solo músculo. Él sabe muy bien que, contrario al dicho popular, la realidad sentencia que todo el mundo es culpable hasta demostrar lo contrario.


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