¿Puede el deseo llegar a matar?
Parece una pregunta trillada que quizás merezca su respuesta también trillada.
Esta historia presenta una perspectiva un poco diferente sobre esa cuestión. Y
al final, una respuesta…
Todo comenzó en una fiesta de
cumpleaños. Yo sabía que varios de mis amigos la conocían de hacía tiempo. Pero
yo era más bien retraído, tímido y nunca me había animado a pedirles que me la
presentaran. Esa fue la noche en que todo cambió para mí.
Cuando la ví simplemente no supe
que hacer o decir. Ahí estaba ella. Llamativa, radiante, deseable. Me llamaba
sin emitir sonido alguno. Mis amigos me empujaban hacia ella, me aseguraban que
todo iba a estar bien. Y al final la tentación pudo más. Subí con ella al
cuarto del dueño de casa y me encerré. La desnude lentamente y aspire su aroma y
cada palmo de su ser toscamente, como el principiante que era. La adoré. Cuando volví junto a mis amigos me sentía en
un estado que no pude menos que comparar con el amor más profundo.
Por días pensé en ella. Deseaba,
necesitaba volver a verla. Volver a sentir todas esas sensaciones que me
produjo. Fui hasta la casa de mi amigo y le rogué que me dejara estar con ella. Él al principio quiso disuadirme, intento hacerme creer que había sido un error
que la conociera. Pero ya era tarde. Yo no quería escuchar lo que para mi eran
solo excusas para retrasar nuestro encuentro. Al final mi amigo cedió y una vez
más estuve cara a cara con ella. Recuerdo que las emociones fueron aun más placenteras
que la primera vez. Y ahí me convencí. Estaba enamorado.
Repetimos esto unas veces más. Pero
claro, llegó el momento en que debía buscarla por mí mismo. Ella no era fácil de
encontrar y aun menos de pagar. Durante semanas no supe que hacer. Me desesperé.
Mi estado era cada vez más tétrico y tenia arranques de furia. Mi familia al
principio no entendía nada. Hasta que por fin descubrieron el motivo de mi cambio.
De más esta decir que se pusieron en contra del “amor” que yo sentía por ella.
Y me prohibieron siquiera pensarla.
Pero una noche no aguante más. Estaba
completamente sacado. Algo tenía que hacer. Ya había pasado demasiado tiempo sin
ella. Espere a que todos durmieran y me escapé. Vague sin saber dónde ir o que
hacer por varios minutos. Hasta que me decidí. Si quería estar con ella, tenía
que conseguir el dinero. Y no lo dude. Entre a una casa lo más silencioso
posible y robe el dinero que allí había. Fui a ver a uno de mis amigos
y lo obligué a que me dijera dónde encontrarla. Un rato más tarde disfrutaba de
sus placeres nuevamente.
Ella se convirtió en mi vida. Me
era imposible pensar en otra cosa que no sea tenerla en mis manos y “amarla”.
Mi familia hizo todo lo posible por ayudarme, pero no hubo caso. Un día me
fugué definitivamente. Me convertí en ladrón para poder estar con el objeto de
mi deseo. Incluso llegue a matar. Estuve en la cárcel, pase hambre, frio, todo
tipo de calamidades. Todo por ella.
Y hoy aquí me encuentro. En esta
cama de hospital. Esperando que llegue por mí el helado alivio que traerá consigo
la muerte. Los médicos ya no pueden hacer nada. Mi sentencia está escrita. Dicen
que el arrepentimiento es para los débiles. Pero les juro que ni siquiera
hubiese ido a ese cumpleaños, de haber sabido todo lo que la cocaína podría hacerle
a un hombre que alguna vez fue tímido y bueno…
FIN (Cuento propio. Basado en un hecho real. Escrito en
una noche de lluvia recordando a un amigo que ya no esta)