viernes, 22 de julio de 2011

Sorpresa...


Lo planeó durante meses. Nada podía salir mal. Pensó en todos y cada uno de los detalles. Que diría, como lo diría y cuando lo diría. El regalo especial, la cena romántica, el baile hasta casi el amanecer y luego el regreso al hogar. Aquel hogar que habían construido juntos. Había elegido ese 14 de febrero precisamente porque ese día se daba una buscada pero aun así extraña coincidencia. No solo era el famoso día de San Valentín (hecho al que jamás le restaron importancia) sino que también eran sus bodas de plata y el cumpleaños numero 50 de el. Era sencillamente perfecto que ocurriese ese día...

Caminaron por la peatonal con aire descuidado, como si solo fuera un paseo más. Miraron vidrieras y rieron con ganas ante cada ocurrencia que les venía a la mente. Se detuvieron en una joyería y a ella la llenó una sensación de gozo y felicidad increíbles. Por fin tenía en sus manos aquel anillo de diamantes que una vez vio y siempre quiso. “Esto es maravilloso” pensó ella. “Todo esta saliendo perfectamente” pensó él. Luego fueron al mejor restaurant de la ciudad. Ella seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo. Comieron todo lo que quisieron, bebieron moderadamente y partieron para la que seria la última parte de la noche...

Ya dentro del boliche, ella pidió volver a casa alegando no sentirse bien. A el le pareció mas una excusa que otra cosa, pero como aquello no estropeaba sus planes, aceptó. Durante el viaje en taxi ella escribió rápidamente un mensaje de texto. Cuando el le preguntó para quien era, ella solo respondió “Para nadie. Ya lo sabrás” y sonrió. Si es que todavía le quedaba alguna, esa sonrisa le quitó toda duda de lo que pensaba hacer...

Bajaron lentamente del auto y fueron hasta la puerta de la casa. La luz de la luna le daba un toque aun más especial a ese momento. El miró para todos lados asegurándose que nadie los viera. Ella se disponía a abrir aquella puerta cuando de repente él la agarró fuertemente del brazo. Ella giró sonriendo nuevamente. Esperaba con ansias aquel beso que coronara esa noche mágica... “Así que me engañas, perra! Y encima con mi hermano!” dijo el sin levantar tanto la voz... “Que? No! Por favor! No!” gritó ella ahogadamente... 

La daga que el tuvo todo el tiempo entre sus ropas se metió profundamente entre sus senos. Ella cayó pesadamente, ya sin vida. El volvió a mirar alrededor, quitó la daga del cuerpo de aquella mujer que alguna vez fuera el amor de su vida y abrió la puerta. Todo estaba extrañamente oscuro adentro. Levanto el cadáver, lo metió en la casa, lo puso en el suelo, cerro la puerta y encendió la luz... Lo que vio simplemente lo hizo palidecer, casi hasta el desmayo... “¡¡Sorpresa!!”. Allí parados en el living, bajo un gran cartel de Felices 50 años, se encontraban sus amigos, su familia y toda la familia de ella, que miraban atónitos como el terminaba de rematar a aquella mujer que le dio todo durante años y le quitó la cordura para siempre, en solo un momento...

FIN (Cuento Propio. Inspirado en uno que lei cuando niño. Escrito en un mal dia...)

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