viernes, 22 de julio de 2011

El Angel de Mons.


Siempre me gustaron las historias paranormales. Tanto esas de terror un tanto fantasiosas, casi cómicas diría, como aquellas más bien tiernas, gratamente sorprendentes  o incluso románticas. Y justamente la historia que se relata a continuación pertenece a esta segunda categoría. A mi entender merece ser contada por algunos ribetes de realidad que la envuelven…

Para empezar situémonos en tiempo y espacio. Corre el mes de agosto de 1914 y la Primera Guerra Mundial está en pleno apogeo. Pasaron apenas unas semanas desde que el conflicto tornase de un simple pleito entre el Imperio Austrohúngaro y Serbia, a una contienda a escala continental. Y obviamente (casi diría, haciendo honor a su historia) Gran Bretaña no tardo en meterse en la lucha.

Es en este contexto que ocurre nuestra historia. Las fuerzas Británicas, lideradas por el comandante French y aliadas con el ejercito Francés, son enviadas a Bélgica, más precisamente a la ciudad de Mons, capital de la provincia de Hainaut, para intentar repeler el ataque Alemán que se hacía cada vez más fuerte en la frontera Belga. El ejercito británico no solo no consigue detener el avance enemigo, sino que además se ve obligado a una vergonzosa retirada para evitar ser masacrado por la potencia bélica Alemana.

Entre los regimientos que emprenden la retirada se encuentra el denominado Coldstream, los protagonistas de este relato. Son soldados conocidos por su bravura, pero también por su sentido común. Obligados por las circunstancias (la llegada de la noche y el tener a los alemanes pisándoles los talones), los soldados se introducen en un frondoso bosque con la esperanza de despistar a sus perseguidores.

El oficial a cargo da la voz de alto y ordena esperar allí mismo la llegada del nuevo día. Apenas esto ocurre, algunos de los soldados son enviados a través del espeso bosque en búsqueda de algún camino que les permitiese salir de allí con vida. Solo pasan 20 minutos cuando los soldados regresan desolados por la total falta de salidas más que aquella por donde habían venido.

La situación se va tornando cada vez más desesperada. Dos soldados de nombre MacAllister y Brown charlan sobre su mala suerte cuando el primero ve por encima del hombro de su compañero una extraña luz perfectamente visible a pesar de la niebla.
La escena se vuelve aun más impresionante cuando la mencionada luminosidad empieza cobrar forma. Una figura alta y flaca se hace presente. Los soldados retroceden unos pasos y no dan crédito a lo que ven sus ojos. En apenas unos segundos, de la espalda de esa especie de hombre que tienen delante, surgen dos grades alas. Tiempo más tarde, el soldado MacAllister recordaría con algo de gracia que a ese ser “solo le faltaba el círculo encima de la cabeza para ser uno de esos dibujos de Disney”.

Brown va en busca del oficial para contarle lo que está sucediendo. Totalmente descreído, el jefe de regimiento acompaña a su soldado y casi toca el suelo al aflojársele las piernas. Lo que estaban viendo era sin duda alguna un ángel y para mayor estupor del oficial, aquel ser les estaba pidiendo que lo siguiesen.

Luego de un momento de indecisión y a sabiendas de que ya no había nada que perder, el oficial da la orden a sus soldados de seguir a aquella aparición. La sensación de no haber tomado una buena decisión embarga al oficial al ver que el supuesto ángel los empieza a guiar por el mismo tramo de bosque que había sido inspeccionado minutos antes.

Y como si de una película de Hollywood se tratase, los soldados ven materializarse ante sus ojos un camino nítido y recto que da la impresión de poder sacarlos de esa trampa mortal en la que la necesidad los había metido. ¿Puede caberle a esta historia algún otro detalle impactante? Si, ya que a medida que cruzan dicho camino, observan como aquella figura que hasta hace unos minutos les estaba sirviendo de guía se esfuma lentamente levantando uno de sus brazos en señal de despedida…

Mucho se ha hablado de esta historia a lo largo de los años. Los escépticos hablan de histeria colectiva motivada por el cansancio y la desesperación del momento. Es sin dudas lo más probable. Pero es imposible negar que este episodio le ha dado una base a aquellos que no dudan en asegurar que fue Dios quien envió a uno de sus ángeles para rescatar a los Coldstream.

Como sea, aun hoy no se ha encontrado una respuesta definitiva a la aparición del Ángel de Mons, que salvo a un grupo de soldados de una segura muerte...

FIN. (Historia tomada de internet y reescrita por mí. Créditos al blog Mitos Urbanos por traerlo de nuevo a mi mente)

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